‘El cazador cazado’: un proyecto feminista de Alicia Murillo

Queridas todas, hoy vengo a presentaros un proyecto no interesante, no divertido, no potente, no necesario, no creativo. Simplemente, espectacular.

Lo he conocido hoy a través de un gran amigo feminista y de la Revista Píkara Magazine, para luego adentrarme en el blog de la susodicha, una vieja conocida virtual mía (unilateralmente hablando, oseasé, que la sigo desde hace tiempo).

El proyecto que ha iniciado Alicia y al que estamos invitadas -querría decir que casi obligadas- a continuar, difundir  y agrandar, va en consonancia con una línea de trabajo que en esta colectiva gusta mucho e interesa, los micromachismos, un asunto peliagudo, que lo llamaría yo, que levanta postillas por donde pasa, y por cuyo motivo a las feministas se nos suele llamar: Histéricas, exageradas, “mijitas“, “tiquismiquis” y lo mejor de todo, radicales -que digo yo, si soy radical por enfurecerme y tildar de violencia verbal sexista que un camionero cuarentón me pite cuando cruzo un paso de cebra, y me diga con la baba medio caída lo que me va a comer cuando me quite las bragas, pues apaga y vámonos-.

Volviendo a Alicia, os diré que su revolucionario proyecto es en parte audiovisual, así que, pequeñas, sacad la reportera que lleváis dentro, y afinad los teléfonos móviles o las cámaras digitales -bendita tecnología algunas veces-. Alicia permanece alerta a cualquier amenaza, acechando a cualquier “piropeador” suelto. Cuando la agresión se produce, cámara en mano, les graba y cuestiona su acción. Sin embargo, aunque los vídeos y las reacciones son tan dispares como interesantes, yo me quedo con el toque de humor de Alicia, y, sobretodo, con su análisis. Cómo los hombres tienen tendencia a dominar el espacio público. Cómo hay ocasiones en las que “sabes que va a suceder”, sabes que vas a atravesar esa calle, justo esa, y esos hombres apostados en una esquina de un bar, bebiendo, van a increparte. Van a faltarte al respeto. Cómo cuando tú les grabas, visibilizas y condenas, las actuaciones de los hombres suelen tener un modus operandi (1. Echarle la culpa al otro 2. Avergonzarse si vas con un igual, varón, entendiendo la agresión en términos de territorialidad masculina, no como falta de respeto hacia la integridad femenina 3. Ponerse gallitos y/o agresivos 4. Huir) y, por ende, cómo empoderándote y adueñándote de la situación y del espacio público, le das la vuelta al juego de poder, y son los agresores quienes pasan a temerte a ti. Pero mejor que os lo explique ella misma, en un vídeo con un relativo final ¿feliz?:

El vídeo más revelador de todos los que he visto fue protagonizado por un grupo de feministas de las Setas sevillanas, la propia Alicia, su compañero, y dos individuos, durante la jornada del 1 de Mayo. Una muestra de cómo en los mismos movimientos sociales -aunque hijas mías, qué queréis que os diga, este es un buen ejemplo en parte sí, en parte no, porque yo no sé qué pintaban esos dos calandracas con una bandera gigantesca de CGT- se reproducen prácticas normativas y patriarcales, e incluso muchos de los llamados micromachismos, por no irnos a los macromachismos, que al ser más visibles, suelen estar más controlados. Aquí véis una muestra global de la categorización que Alicia diseña en cuanto al formato de la agresión y que ya hemos vislumbrado con anterioridad:

Os animo desde nuestra colectiva y nuestro Blog a seguir a Alicia a través de su Espejo, a llevar a cabo este experimento maravillosamente creativo, y a contactar con ella para colgar sus experiencias. Yo no voy a tardar en hacerlo.

Mientras tanto, que no decaiga el buen ánimo ni la indignación. Rebeldía con alegría. Seguir concienciando/escarmentando al personal en nuestro cometido, como superheroínas antipatriarcales que somos. Subir la barbilla, no cambiar de lado de la calle, aguantar una mirada con cara de asco -estamos hablando de violencia verbal no de peligro físico-, volver la espalda para preguntarle al salido de turno con virulencia ¿Qué me has dicho?, no quedarnos calladas. Protestad, miradles a la cara, que no quede impune su sexismo, nos han amedrentado durante siglos, y ahora la calle es nuestra.

Para que quede claro de una vez, Machismos hay muchos, agresiones, muchos tipos, violencias, las mismas. Y el mal llamado “piropo” es una de ellas.

Salud, nos vemos en la lucha

Otros enlaces sobre Piropoagresión y micromachismos:

“No quiero tu piropo, quiero tu respeto”

Paranoicas – Mari Zazetari

El himno a la Vagina

Irreverente. Así es esta canción y el videoclip de Amanda Palmer & the Young Punx, la vocalista del mítico grupo de Cabaret-Punk Dresden Dolls.

Mi mapa de Tasmania, así es como en las antípodas suelen llamar a lo que para otras, impregnadas de una cultura  más grecorromana que aborígen, es el Monte de Venus. Un alegato. Una oda. Una apuesta. Una defensa. Una Vindicación. Una provocación. Nos gustan nuestros pelos. Son nuestros. Una selva tropical, una calurosa sabana, una frondosa jungla oriental, todas en una.

¡No a la tala púbica indiscriminada!

Fuera bromas. Alguien me dijo una vez: “Puedo combatir al patriarcado con la vagina depilada”. Y es cierto, que por mucho que tengamos nuestra preferencia, y podamos establecer una relación directa entre estética, estereotipos y exigencias de género en cuanto al rol femenino en exclusiva (coquetería, ciudado físico, delicadeza, feminidad), aunque podamos aquí y ahora ponernos a divagar sobre las diferentes dicotomías del género, y sobre “Para estar bella hay que sufrir” frente al “El hombre y el oso, cuanto más vello, más hermoso”, que nos depilemos más o menos, mientras podamos sacudirnos las imposiciones sociales, es el menor de nuestros problemas, tal y como está el mundo. Pero a mi me gusta llevar a cabo estas pequeñas batallas banales, me hacen gracia, me hacen fuerte.

Las putas insisten…

Lxs banquerxs y lxs políticxs NO SON SUS HIJXS.

Era hora ya de revisar las consignas que lanzamos en las manifestaciones a la hora de herir determinadas sensibilidades, todo lo cual tiene que ver con un insulto hetero-patriarcal y que supone un tachoncito más de nuestra lista de sexismo banal o, mejor dicho, nuestra lista de micromachismos cotidianos.

Recordad, queridos y queridas todas: por cada “hijo/a de puta” que lanzamos a bocajarro y esputado con todo nuestro desprecio, hay unx hijx de una puta que no se merece ser salpicado por el insulto, hay un hijo/a de una puta que vive dignamente sin robar a lxs demás, y que no tiene ni la más mínima consanguinidad con Botín, Merkel, Lehman Brothers, Wert, Cospedal, Urdangarín o demás sujetos de odio y vindicación popular y quincemayista, ni con ningún@ antidisturbio cabreado que zurra a adolescentes, ni con ningún dirigente de la Zona Euro. Es bueno recordarlo.

Salud, y Viva la lucha de las Mujeres.

Fuente: Los movimientos Contraatacan, Emma Gascó y Martín Cúneo. Inspiradxs por el Colectivo Hetaira.

“¿Feminista yo? Uy, qué va”

Hay cosas que claman al cielo. Otras que claman un poquito más que éstas anteriores. Y otras como las que voy a relatar a continuación.
Resulta que me disponía yo a pasar una agradable velada con una amiga mía, de toda la vida. Me parece oportuno señalar por lo que sigue, que ella hizo estudios universitarios, es culta, y siempre está criticando o contando qué-tal-el-último-libro.
Como hacía tiempo que no nos veíamos, tocaba contarnos biografías mutuas. Así que le conté que fundamos el Colectivo FeM, y bueno, que claro, que sí, que somos feministas. A lo que siguió un gesto de escepticismo, unos metros de silencio, y un “¿Feministas?”. Con lo que entramos en una dialéctica algo tensa en la que obtuve una victoria algo pactada y medio dejada estar.

Tras ello, llegué a mi casa y me puse a pensar. Una mujer, adulta, joven, e inteligente, cree (o creía) a pies juntillas que:

– Feminismo es lo opuesto a machismo. Con todo lo que esto conlleva.
– Hay igualdad efectiva y real a día de hoy entre hombres y mujeres. Hilarante.
– Que haya porcentajes prominentes de mujeres estudiando ciertas carreras o que se inclinen a ciertas profesiones (que se identifican claramente con roles de género) se debe simple y llanamente a “gustos”
– Las mujeres llevan estos gustos de manera innata, y hay diferencias neurológicas claras que inclinan a las niñas y a los niños a elegir diferentes modos de divertirse y modos de vida.

Si esto lo piensa una persona con las carácteristicas antes citadas. ¿Qué podría pensar el resto de la población? Tampoco hay que pensar que por leer o haber estudiado menos automáticamente una persona puede pensar lo mismo o de manera más “radical”, pero tampoco hay que menospreciar la idea de que hay un sector bastante amplio de la población igual o menos formada, o incluso más, que piensa esto. Y no es la primera vez que me topo con este hecho, y por supuesto que vosotras tampoco.

En fin, quería señalar la importancia de esto, y de que como mi amiga, hay miles de mujeres (y hombres) que aún tienen estas ideas sobre la mujer y el feminismo. Esto es peligroso, porque supone no ya la no identificación con la ideología feminista, sino un “tácito” alejamiento de las propias mujeres por las ideas que defendemos y la lucha por la igualdad y las injusticias que a diario se cometen o que se maquillan por “es que es la costumbre” o “eso ya solo lo hacen las personas mayores”.

Imagino comentarios similares en las anteriores oleadas de feminismo, y que ahora serían impensables. Ojalá ocurra lo mismo en un futuro. Supongo que es cuestión de tiempo y lucha cambiar la conciencia de la gente, porque en mi opinión es el principal pilar para el cambio.

Y por supuesto, feliz año a todxs.