El himno a la Vagina

Irreverente. Así es esta canción y el videoclip de Amanda Palmer & the Young Punx, la vocalista del mítico grupo de Cabaret-Punk Dresden Dolls.

Mi mapa de Tasmania, así es como en las antípodas suelen llamar a lo que para otras, impregnadas de una cultura  más grecorromana que aborígen, es el Monte de Venus. Un alegato. Una oda. Una apuesta. Una defensa. Una Vindicación. Una provocación. Nos gustan nuestros pelos. Son nuestros. Una selva tropical, una calurosa sabana, una frondosa jungla oriental, todas en una.

¡No a la tala púbica indiscriminada!

Fuera bromas. Alguien me dijo una vez: “Puedo combatir al patriarcado con la vagina depilada”. Y es cierto, que por mucho que tengamos nuestra preferencia, y podamos establecer una relación directa entre estética, estereotipos y exigencias de género en cuanto al rol femenino en exclusiva (coquetería, ciudado físico, delicadeza, feminidad), aunque podamos aquí y ahora ponernos a divagar sobre las diferentes dicotomías del género, y sobre “Para estar bella hay que sufrir” frente al “El hombre y el oso, cuanto más vello, más hermoso”, que nos depilemos más o menos, mientras podamos sacudirnos las imposiciones sociales, es el menor de nuestros problemas, tal y como está el mundo. Pero a mi me gusta llevar a cabo estas pequeñas batallas banales, me hacen gracia, me hacen fuerte.

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